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Washington,
16 nov (EFE).- El romance del dimitido director de la CIA David
Petraeus con su biógrafa Paula Broadwell no sólo ha arruinado su
brillante carrera sino que ha puesto sobre aviso a otros adúlteros:
internet es chismosa y no olvida. Petraeus, un general de cuatro
estrellas considerado un "general de generales", anunció el viernes
pasado su renuncia al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
tras admitir que tuvo una relación ilícita con Broadwell después de
abandonar el Ejército.
Su anuncio ha causado una conmoción dentro y fuera
del Pentágono pero también ha puesto de relieve una gran verdad del
siglo XXI: la autopista de la información facilita los amoríos pero
también se ha convertido en su tumba.
"No debe sorprender que alguien como Petraeus se
haya enredado en un triángulo amoroso. Las necesidades afectivas son
distintas a las profesionales, y la inteligencia emocional no tiene que
ver con la intelectual... la gente puede tener muchas tentaciones y
muchos vacíos que llenar con éstas", dijo a Efe la terapeuta familiar
Claudia Campos.
"Los hombres buscan compañía, alguien que los
valore, que los admire, y posiblemente ése fue el caso del general
Petraeus. Broadwell seguramente sintió admiración por él y empezó a
sentirse atraída por su rango, por su historia intelectual y si hubo
química y atracción mutua, ¿por qué sorprenderse de que cayeran en
esto?", señaló la experta.
Según Campos, la mayoría de las infidelidades
ocurre en los lugares de trabajo, donde se pasan más horas que en casa y
entre colegas se encuentra un "paño de lágrimas". Los viajes, las
largas ausencias y, sobre todo, internet, también facilitan los amores
clandestinos, agregó.
El romance del máximo jefe de los servicios
secretos de Estados Unidos fue descubierto por la Agencia Federal de
Investigaciones (FBI) después de que siguiera la pista de una queja de
acoso presentada por una segunda mujer, Jill Kelley, contra Broadwell,
quien consideraba a ésta su rival por los afectos del general.
Los agentes del FBI descubrieron el intercambio de
correos íntimos entre Petraeus y su antigua amante en una cuenta de
Gmail que ambos compartían.
Quienes deciden llevar vidas paralelas han
encontrado en internet un cómplice perfecto en sitios como
Facebookcheating.com, o AshleyMadison.com, cuyo lema es "la vida es
corta. Ten un affaire".
Pero a Petraeus y a otros en su situación se les
olvida que, según los gurus de la tecnología, aun cuando uno borra un
mensaje electrónico, éste deja una huella indeleble en el disco duro de
la computadora.
Asimismo, los mensajes instantáneos, fotos o
textos compartidos en Facebook o Twitter también tienen una especie de
marcador electrónico que puede ser rastreado con mucha facilidad en
cuestión de minutos.
Toda transacción realizada en internet o con
cualquier medio electrónico deja una pista del usuario, sin importar a
qué extremo llegue para proteger su identidad, según los expertos.
Es algo que saben muy bien quienes contratan a investigadores al tramitar un divorcio.
Según una encuesta realizada en 2010 por la
Academia Estadounidense de Abogados Matrimoniales, el 81 % de los
abogados especializados en divorcio dijo que se apoyó en "pruebas"
descubiertas en Facebook y otras redes sociales para tramitar sus casos.
Algunos se preguntan si, a raíz del caso Petraeus,
sería mejor regresar a los adulterios a la vieja usanza, libres de
celulares y demás artefactos de alta tecnología.
Un consejo del congresista demócrata Barney Frank
repetido más de un centenar de veces en Twitter parece pensado para las
relaciones prohibidas: "nunca escribas cuando puedes hablar, nunca
hables cuando puedas asentir, nunca asientas cuando puedes hacer un
guiño".
"Los seres humanos no sabemos estar en soledad,
pero la gente tiene que recordar que la vida privada a nivel de internet
no existe. No hay dónde esconderse", sentenció Campos.
Autor: María Peña
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